
Busco al que será el dueño de mis sueños en este presente que se empieza a escribir; no sé si habitará mi mente por un instante o por una eternidad, sólo sé que lo pienso esperar. No importa dónde lo tenga que buscar, sé que lo he de hallar.
No tengo idea que se necesita para que te quedes en mi corazón, no sé si quiera si busco amor, pero sé que estás ahí afuera, tan cerca de mí que sólo necesito extender mi mano para poderte sentir. Quédate ahí sentado que yo partiré hasta tus brazos.
Así pensaba hace poco menos de un mes y ahora estás aquí, llegaste y apareciste dónde menos esperaba, en el lugar que no deseaba visitar. No sé cuanto tiempo permanecerás y no me interesa, con saber de tu existencia me basta.
En ningún momento te he pedido que me ames, tan sólo quédate aquí a mi lado, no te alejes mientras no sea necesario. Tienes todo tan exacto, eres tú tan perfecto; el escenario está puesto esperando a nuestro encuentro. Aún recuerdo tu primera mirada, la primera sonrisa, como las palabras se escapaban de tus labios mientras las callabas intentando retenerlas en tu cuerpo.
Eso es lo que siempre desee, el misterio en tus ojos, la pasión en tus labios que se desborda sin límite alguno, la ternura de tus manos, y la dulcura de tus besos que tan sólo rozan mi piel cuando te acercas en el encuentro cotidiano.
No sé nada de tí y eso me incita a escuchar tu respiración, para ver si en ella se escapa algún suspiro que me cuente sobre tu historia, que me relate tus sueños y tus más grandes deseos. Me gustas por la mística que encierras, por tu silencio, por tu espacio que se ve invadido por mis manos que intentan atraparte pero que no lo logran al caer en tu juego de seductor escape.
Sólo eso necesito para sentirme viva, creer en tí, en que eres real, aún cuando te hubiera creado en mi soledad. Cuál será el destino de esta locura que se asoma tras las noches de angustia y sutil amargura? La respuesta es simple, nadie sabe y no es necesario averiguarlo, porque no te pido garantías, sólo tus ganas de meterte en mi alma. No pienso por hoy en quedarme una vida pegada a tu pecho, tal vez mañana te necesite en mi almohada para conciliar el sueño, pero por hoy sólo déjame beber aún con la distancia tu aliento.
"Ven siéntate a mi lado, no quiero hablar de amor, no quiero que te enteres que hay en mi corazón. Repíteme tu nombre con la más dulce voz y dime que te mueres por abrazarme amor. Y dame un beso grande[...] Y dame lo que quieras y no le des más vueltas, que quiero descubrirte en esta habitación" Edgar Oceransky
No hay comentarios:
Publicar un comentario